Hace ya más de un mes que fue lanzada la esperada nueva versión de Mandriva Linux, que venía con la vitola de revulsiva, y con la promesa de ofrecer una distribución renovada de cabo a rabo.
En este tiempo he estado dándole el uso y el “maltrato” suficiente para obtener un veredicto objetivo sobre este lanzamiento, eso sí, basado en la experiencia personal.
Mandriva 2011 ha supuesto un nuevo punto de partida, tanto para la compañía que la desarrolla como para la distribución en sí misma, esta vez no se trataba únicamente de una actualización de los paquetes incluidos, sino que la distribución ha sufrido una transformación cuya misión era devolverle el reconocimiento perdido en los últimos años. Y no se ha escatimado en esfuerzos para ello, a pesar de las turbulencias que han rodeado a Mandriva SA debido a su mala gestión económica. Al principio las noticias dadas por la nueva dirección de Mandriva respecto a la nueva versión, como el hecho de abandonar los drakes que habían dado tan buena reputación a la distribución, generaron algunas dudas en la comunidad, pero tras ese halo de secretismo que mantenía la compañía, empezaron a darse pasos que fueron haciendo mucho más interesante el desarrollo de Mandriva. El equipo francés puso la base, el brasileño construyó un escritorio sólido, y por último, los rusos de ROSA Labs le dieron el toque final.
